miércoles, 25 de junio de 2014

RECREACION EN LA VEJEZ

El ocio y la recreación, en el adulto mayor, han de entenderse y apreciarse como algo más allá de lo simplemente personal, en cuanto al empleo del tiempo libre ha de verse más bien como una acción que proyectada desde lo social puede crear las condiciones que faciliten la elevación de la calidad de vida de estas personas, y contribuya al desarrollo de estilos de vida más saludables y autónomos a esta edad.
Un enfoque simplista del ocio y de la recreación en la tercera edad, nos llevaría a considerarlas como una mera opción individual del tiempo libre, y dejaríamos de apreciar su carácter desarrollador, por los niveles de participación y de actualización que pueden generar; sobre todo si se les considera como recurso potenciador, herramientas de acción social que permiten elevar el bienestar y la calidad de vida de las personas de la tercera edad. Los sujetos que envejecen adecuadamente utilizan y disfrutan de todas las posibilidades que existen en su entorno social y en sus propias personas, y están preparados para aceptar, sin claudicar, las propias limitaciones, la disminución de sus fuerzas y la necesidad de recibir algún tipo de ayuda; pero no renuncian a mantener, dentro de rangos razonables y posibles, determinados niveles de independencia y autodeterminación.
os tipos de recreación artística, cultural, deportiva y pedagógica tienen por finalidad principal el mantenimiento, desarrollo y recuperación de habilidades diversas; servir de estímulo de la creatividad y posibilitar experiencias que contribuyan al bienestar y autoestima de los participantes. Por otra parte, estas actividades propician el establecimiento de relaciones interpersonales y la integración social de los sujetos, con independencia de sus favorables efectos sobre la salud y el bienestar psicológico.
La recreación ambiental, además de propiciar el disfrute de las relaciones con el medio ambiente, propicia la identificación con este, y fomenta el desarrollo de una cultura sostenible y la motivación por su preservación.
En el caso de la recreación comunitaria, esta se orienta a la creación o fortalecimiento de redes de apoyo social, especialmente para las personas que viven solas, o tienen escasos recursos.
La recreación terapéutica, puede estar orientada a personas con problemas funcionales, físicos o psicológicos y puede ser ella misma vehículo o instrumento de rehabilitación o complemento de programas diseñados a estos fines.

En fin, de lo que se trata es de emplear las actividades de ocio y de recreación para el fomento de estilos de vida en el adulto mayor, que propicien su salud y bienestar y lo impliquen en acciones que le sirvan como instrumento para el crecimiento la autodeterminación personal y su adecuada inserción en la vida comunitaria y social.

DELIRIOS EN LA VEJEZ

El síndrome confusional agudo, llamado también delirio, consiste en una alteración en el estado mental que se caracteriza por ser aguda y reversible. El delirio es uno de los desórdenes cognitivos más importantes en el anciano, tanto por su prevalencia como por su implicación pronostica.
El desarrollo de un síndrome confusional agudo puede ser el primer signo de fallo de la función cerebral, además de poder ser la forma clínica de presentación de una enfermedad física grave o aparecer como complicación seria de una enfermedad o de su tratamiento. La falta de diagnóstico y tratamiento oportuno podría acarrear un daño cerebral permanente o incluso la muerte.
El delirio tiene también consecuencias importantes en los aspectos económico y social. Los enfermos con confusión requieren mayor atención del personal sanitario, mayor y más cuidadoso manejo de enfermería, y generalmente tienen ingresos hospitalarios más prolongados. El enfermo agitado es de difícil manejo y tiene un mayor riesgo de caídas y fracturas.
En el anciano el umbral de confusión es mucho menor que en el joven y en los enfermos con demencia este umbral es aún más bajo. Con frecuencia las personas mayores, especialmente aquellos con cierto grado de demencia, desarrollan delirio en relación a una patología aguda, muchas veces infecciosa. En ocasiones un estado confusional es la única manifestación de un infarto en el anciano. El infradiagnóstico es frecuente, lo que conlleva un gran riesgo, ya que se afectan principalmente los más viejos y más enfermos.
El delirio en el anciano es un síntoma, y por lo tanto, obliga a buscar la enfermedad de base desencadenante. Hay que sospechar delirio ante todo paciente que presenta un rápido deterioro en su estado mental.

El delirio aparece en personas con enfermedades graves, por lo que no debe extrañar que se asocie a una alta mortalidad. Además, la morbilidad a corto plazo es también mayor, se aumenta la probabilidad de ingreso hospitalario y hay una mayor frecuencia de complicaciones médicas y mayor riesgo de institucionalización. Es muy importante hacer un diagnóstico precoz, porque con un tratamiento adecuado la mayoría de los pacientes logran recuperarse satisfactoriamente. La edad avanzada y una mayor duración de la enfermedad empeoran el pronóstico, llegando a una mortalidad de hasta el 30%.

LA POSTGERONTOLOGIA

La post-gerontología, aparece dentro de la gerontología crítica, planteando un estudio político, cultural y ético acerca del envejecimiento humano. La vejez se encuentra ordenada desde una política de edades, que le asignará una significación particular en un contexto determinado. Entiendo, por política de edades, al modo en que una sociedad ejerce controles sobre el desenvolvimiento de los individuos con relación al concepto de edad; de un modo análogo al que se realiza con el de género. Las políticas, son aplicables según diversas técnicas tales como: el uso de la fuerza, la educación y el disciplinamiento.
Este modo de pensar la gerontología supone considerarla, tanto en su práctica como en su teoría, fundada sobre concepciones normativas acerca del criterio de edad. Criterio que determinará lo que se designe por vejez; el tipo de problematización que se realice, es decir el modo en que esta será identificada, tratada y valorada, lo cual implicará a su vez, un tipo de accionar disciplinario.
El pensamiento político en gerontología, tiene por lo tanto, como base ideológica, la reflexión crítica y transformación de los modelos de sujeción de la vejez y de los dispositivos etáreos; realizando un estudio crítico sobre los modelos en los que se sostiene la gerontología actual, ya sea por el excesivo biologicismo o por las tendencias estratificantes.
La post-gerontología se ubica, dentro de los estudios culturales, ya que en primera instancia implica dar cuenta de un fenómeno cultural específico que remite a una narrativa social y a un momento histórico, en el cual se operan las políticas de edades. Sí la vejez es entendida en cuanto construcción, como parte de una política de las edades, será con el fin de hacer evidente las determinaciones que llevan a dotar de poder, prestigio o a valorar negativamente a cada grupo etáreo. Las mismas supondrán: un tipo de divisiones y modos en que estas sean significadas.
Por intentar desacondicionar las formas diversas de poder, este tipo de pensamiento tendrá una perspectiva ética que determinará su accionar. Dicha perspectiva supone trabajar con la contingencia, es decir con el hecho de que en la construcción social del envejecimiento, resulta necesario especificar: qué representaciones de vejez rigen en ese contexto, cuál es el sujeto producido, y por último, como autorreflexión del propio gerontólogo, desde qué tipo de representación disciplinaria está actuando, lo cual  puede llevar a preguntarnos acerca de la pertinencia o importancia estratégica de su especificación como un campo disciplinar. Por ello, la post-gerontología, aparece como una respuesta política ante una coyuntura cultural, que hace necesario este campo de conocimiento así como su relativización. Teniendo como premisa la contingencia para el rediseño de una política de las edades.

El viejo se construye en diversos escenarios y es por ello que nuestras prácticas devendrán del contexto específico y de la posición que el sujeto vaya asumiendo. Esta relación de poder que se juega, abre paso a nuevas posiciones, las cuales dependerán de la multiplicidad de las relaciones de fuerza, inmanentes y propias del dominio en que se ejercen, y que son constitutivas de su organización.La noción de post- gerontología se inserta dentro de las corrientes post estructuralista y post moderna en tanto supone, en este caso, desestabilizar al texto de la gerontología  y al sujeto construido por este relato, para desde allí deconstruirlo, es decir conocer las bases que lo organizaron. Los contextos sostenidos en discursos darán cuerpo a la producción de subjetividades, en la que la gerontología no está fuera sino que propende y determina a la misma.  

ENVEJECMIENTO Y GÉNERO

Al estudiar la vida de las mujeres adultas encontramos abundante literatura centrada en diversos tópicos que, en definitiva, lo que hacen es dramatizar las transiciones que viven las mujeres socializadas en roles tradicionales; sin embargo, numerosas investigaciones desvelan algunas de las trampas en que se han visto envueltas las vidas de las mujeres mayores. Así pues, en el estudio llevado a cabo por Keith y Schafer (1982) se concluye que la realización indistinta de tareas tradicionalmente ligadas a cada sexo se relaciona con un mayor bienestar para las mujeres, pero no para los hombres.

Diversas investigaciones recientes indican que la mayoría de las parejas reciben con alivio la etapa del <<nido vacío>> (White y Edwards, 1990); que la ausencia de los hijos e hijas no es necesariamente problemática en la vejez (Connidis y MC- Mullin, 1993) y que la aceptación de los roles tradicionales se correlaciona con índices de depresión en mujeres de mediana edad (Tinsley, Guest y McGuire,1984). Si a esto unimos la idea de que las mujeres explican su recién descubierta energía y su socialización en la vejez en relación con la disminución de sus obligaciones familiares, podemos concluir que, para las mujeres mayores, librarse de dos de los elementos que el patriarcado ha considerado fundamentales para su felicidad y realización: la casa y la familia (ser esposa, madre y ama de casa) se relaciona con un mayor sentimiento de felicidad, mejora de la autoestima y bienestar psicológico; en contra de la explicación que ha pretendido demostrar que la vida del hogar era un refugio de seguridad psicológica para las mujeres. Por otra parte, parece claro que en la segunda mitad de la vida se produce un entrecruzamiento de roles, según el cual las funciones asignadas a cada uno de los sexos se difuminan y van quedando definidas de forma menos marcada, de manera que los hombres se hacen progresivarnente más dependientes y afectivos, mientras que las mujeres son más independientes y asertivas (Rossi, 1980 y Gutmann, 1987). La edad avanzada permite, pues, una reorganización de los roles de género en muy diversos sentidos. Utilizando el lenguaje de Carol Gilligan (1982) es la ética del cuidado y una identidad basada en la experiencia de interconexión la que puede dar a las mujeres una ventaja en la vejez. Así pues, las mujeres se benefician de los enriquecedores valores expresivos, incluyendo la interconexión y el cuidado, como parte del rol femenino. Otra ventaja que pueden tener las mujeres en el envejecer es su habilidad para verse a sí mismas y sus vidas como valiosas y significativas (Helterline y Nouri, 1994). Los valores de cuidado y conexión son los más importantes para las mujeres durante toda su vida y se mantienen en la vejez y se vuelven también más importantes para los hombres a esa edad. Lo cual indica que los valores de la vejez se hacen, a lo largo de la vida, cada vez más femeninos, mientras se muestran en recesión los mis masculinos del trabajo y de la vida pública.

DETERIORO COGNITIVO Y DEMENCIA

El deterioro cognitivo es la pérdida o alteración de las funciones mentales, tales como memoria, orientación, lenguaje, reconocimiento visual, conducta, que interfiere con la actividad e interacción social de la persona afectada. Deterioro cognitivo y demencia son conceptos similares, diferenciándose sólo por el grado de la alteración, y estos términos se utilizarán indistintamente en el presente capítulo mientras no se hagan distinciones específicas. En forma similar, puede hablarse también de deterioro cognitivo demencial y no demencial. En tanto la demencia es un síndrome, es decir, un cuadro clínico que puede deberse a múltiples causas. Las más frecuentes son la enfermedad de Alzheimer y sus variantes (50%), la enfermedad cerebrovascular (20%) y la enfermedad de Parkinson (10%). Por ello, en la mayoría de los casos la demencia es irreversible. Pero hay muchas otras causas, y algunas reversibles cuyo diagnóstico es importante descartar, como la demencia de la depresión y las de causas extracerebrales clínicas.
El diagnostico de demencia no es difícil cuando el paciente, por ejemplo, está claramente desorientado, con lenguaje incomprensible e incontinente, situación en la que el deterioro es evidente hasta para un no médico. Pero en muchos casos los neurólogos nos vemos ante el dilema de posibles casos de demencia incipiente, en los que las fallas cognitivas son leves y no han comprometido todavía (si es que lo hacen) la autovalidez del paciente. El envejecimiento cerebral normal puede manifestarse de modo idéntico al deterioro inicial, y con frecuencia no es posible afirmar o descartar el diagnóstico de demencia en las primeras observaciones, debiendo postergarse una definición y efectuar un seguimiento clínico (“diagnóstico longitudinal”). Pueden verse con frecuencia alteraciones cognitivas en pacientes de edad avanzada que están aislados, o deprimidos o mal nutridos o en mala situación habitacional, factores corregibles y tratables (“seudodeterioro”).
La demencia puede diagnosticarse con frecuencia con una historia clínica y un examen físico realizado por un médico o enfermera experimentados. Un médico elaborará una historia clínica, hará un examen físico (incluyendo un examen neurológico) y llevará a cabo algunos exámenes de la función mental llamados evaluación del estado mental.

Para prevenir se debe reducir el riesgo de demencia vascular, que es causada por una serie de pequeños accidentes cerebro vasculares, dejando de fumar y controlando la presión arterial y la diabetes. El hecho de consumir una alimentación baja en grasa y hacer ejercicio de manera regular también puede reducir el riesgo de demencia vascular.

LOS VINCULOS EN LOS ADULTOS MAYORES

Para entender un poco más sobre vejez me pareció importante hacer hincapié en las diversas formas de vinculación de los adultos mayores. Tomando en cuenta  los niveles de determinación cultural en los encuentros; los modos específicos de interacción e intercambio y las redes sociales de apoyo. La noción de configuración vincular describe tanto el modo en que se relaciona un sujeto con una persona, objeto, institución o ideal, como la incidencia de ese vínculo en las representaciones y significados (o figuras) sobre el sujeto. En este caso el propósito es analizar los cambios que puedan emerger en dichas configuraciones vinculares durante el envejecimiento. Caracterizado por su íntima bidireccionalidad. El sentido del mismo deviene de la relación que se conforma, y que a su vez es conformadora, tanto del sujeto como del otro.
La familia
Lacan (1991) sostenía que la organización familiar se caracterizaba por relaciones singulares que engendran obligaciones absolutas. Esta producción de vínculos, en el sentido que le otorga el derecho, se da con pocas personas con las cuales hay un amplio nivel de interdependencia. Uno de los ejes es el afectivo, ya que estas relaciones están cargadas de afectos intensos y ambivalentes, y el otro es el narrativo, ya que se tejen una serie de relatos sobre el grupo y su historia, que derivan en la atribución de roles y funciones. Ambos ejes se encuentran en continua interacción, cuestionando o afirmando los afectos y los relatos. Diversos estudios han puesto el acento sobre la conformación psicológica del sujeto a partir de la estructura familiar.
La abuelidad
Aun cuando no existe un rol definido relativo a la función de ser abuelo, las tendencias actuales nos indican cambios en los modos de intercambio entre abuelos y nietos. Se promueve un rol menos demandante y disciplinario del abuelo, con menos constricciones de reglas y expectativas (Johnson 1988). Al mismo tiempo las normas culturales actuales pide que el abuelo no se entrometa en la educación ni en la imposición de límites a los niños. La constitución nuclear de las familias impone un orden de reglas más interno, donde incluso los abuelos aparecen por fuera. Por ello Johnson (1988) señala que la norma impone más el no debiera que el debiera. Las abuelas (en particular) no deberían interferir, dar consejos, ni disciplinar a los niños. Los abuelos no deben dominar, superponerse, o comprar el amor de sus nietos. Tampoco deben molestar demás ni decepcionarse si los nietos no devuelven los favores. Por otro lado, deben ser divertidos, cuidar y amar a los nietos, y deberían ayudar a los padres, proporcionando un servicio como niñeras. Aun hoy cuando observamos un verdadero cambio en los roles de los abuelos, éstos siguen funcionando como los perros guardianes de la familia ya que en muy diversas situaciones, cuando fallan los sistemas de protección de la familia nuclear, aparecen como los primeros cuidadores de los nietos. Uno de los casos más habituales surge ante la enfermedad, muere, divorcio o trabajo de la generación intermedia.
Nueva parejas en la vejez

Solemos pensar desde una perspectiva en la que los cambios a nivel de la familia arrojaban a estos por fuera del campo de los cuidados y de las ayudas, sin pensar en otras formas de agrupación en la que el rol de la persona de edad no sea el de un objeto pasible de cuidados o en el que los cuidados no sean brindados por los agentes “esperables” como eran los familiares. Una de estas perspectivas tuvo que ver con las nuevas agrupaciones de personas mayores en las que los amigos desarrollaban gran parte de los roles tradicionales atribuidos a la familia. Las investigaciones realizadas en Estados Unidos y Canadá (De Vries, 2000) fundamentalmente mostraban, en un gran porcentaje, que los amigos eran incluidos en sudefinición de familia, aunque no tuvieran obligaciones legales o relaciones formales. Las personas mayores conformaban asociaciones solidarias de cuidado y apoyo entre amigos, de un modo muy similar al que se produce entre la población más joven y en los grupos de gays y lesbianas (De Vries, 2000). Las nuevas representaciones sociales dan lugar a distintos recursos argumentativos para el desarrollo acciones y roles que años atrás hubieran sido fuertemente condenadas para las personas de edad. Las parejas conformadas en la vejez, sin que sean absolutamente generalizables, parecieran abrir un campo que describe y valoriza una serie de variables culturales actuales entre las que podríamos contar los cambios a nivel de la familia, los nuevos significados acerca de la noción de edad, el valor social de la autonomía y la nueva moral erótica.
 

DOLOR PSIQUICO EN LA VEJEZ

Para explicar las posibles vías por la cual el envejecimiento y la vejez presentan cambio y variantes de diferentes índoles a lo que llamaremos aquí dolor psíquico puede ser originado por diferentes problemas que surgen en esta etapa vital la cual mencionaremos a detalle. Toda comprensión del dolor o la patología psíquica debe ser entendida como el resultado de cambios disruptivos, psicológicos, biológicos y sociales que se producen con ciertos envejecimientos.
Las situaciones descandenantes de la crisis en esta etapa son varias las cuales han sido asociadas a los duelos, la depresión, ansiedad e hipocondría
Butler (1998) propone algunas de estas situaciones vitales:
- La viudez: un de las situaciones más complejas de poder conllevar ya que activa una serie de cambios a nivel afectivo como el sentirte apoyado y cuidado  pero también cuestiones relativas a la seguridad económica y personal.
- Los cambios en la pareja: resalta en los cambios en la forma de convivencia
- Los cambios a nivel sexual: debidos a cambios en la capacidad sexual física, nuevas maneras de relación en la pareja, o la no percepción de sí o del otro como alguien erótico.
- La jubilación: puede implicar no sólo un cambio de rol, sino fragilizaciones en la propia identidad de un individuo.
- Los cambios económicos: Al haber reducción de los ingresos esto puede generar una mayor sensación de dependencia, inseguridad o pérdida de control.
- Las pérdidas a nivel de los sentidos y capacidades: Pueden provocar aislamiento social e inseguridad personal.
- Las enfermedades y discapacidades: sin que la vejez se caracterice por la enfermedad o la discapacidad, existen más probabilidades de que puedan ocurrir, sumado a los mitos que tienden a exagerar ciertos cambios, generando una expectativa de mayor gravedad de la que tienen.
- El temor frente a la hospitalización o la institucionalización: implica abandonar ámbitos que promueven seguridad, como la casa, cambios en la red social y fundamentalmente la pérdida del control personal o autonomía.
- La preocupación y ansiedad frente al cambio en la imagen o de la capacidad física: ambos ponen en juego el reconocimiento del otro hacia uno mismo y los recursos de afrontamiento.

- El miedo a la muerte: en la mediana edad surge como una preocupación ante una expectativa que aparece de una manera más cierta, aunque aún resulte abstracta. En la vejez suele aparecer como el temor ante el momento, el modo y el dolor que pueda generar.
FUENTES: